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La vid y el suelo

Debido a su gran rusticidad y resistencia, la vid es capaz de adaptarse y sobrevivir en gran diversidad de suelos, siempre que no sean excesivamente húmedos. En cualquier caso, para obtener producciones de calidad, es preciso que el suelo reúna adecuadas condiciones, tanto físicas como químicas.

Desde el punto de vista físico, conviene tener en cuenta los aspectos siguientes:

Estructura

Es la forma en que se disponen los elementos físicos que constituyen el suelo (arcilla, sílice, caliza, humus). Las estructuras más adecuadas son aquellas capaces de mantener en el terreno el volumen de espacios huecos necesarios para permitir la aireación y respiración de las raíces. Estas cualidades se manifiestan en las estructuras "migajosa" y "hojosa". Totalmente inadecuados, por contra, son los terrenos que, por carecer de estructura, pasan de embarrados a secos con formación de costra agrietada.

Textura

Se trata de la proporción relativa de los elementos más finos del suelo (arcilla, limo y arena). Determina, junto con la estructura, la compacticidad del suelo, la posibilidad y facilidad de penetración de las raíces de la planta en los distintos horizontes, la permeabilidad al aire y al agua, la capacidad de retención de ésta última y la facilidad de evacuación del exceso, la reacción ante los aperos de labranza, etc. Las texturas francas, en las que las fracciones limo-arena-arcilla se presentan equilibradas, son las más indicadas para el cultivo de la viña de calidad, ya que permiten cierta capacidad de retención hídrica al mismo tiempo que una evacuación del agua sobrante. Por el contrario, las texturas pesadas (arcillosas) son inadecuadas, mientras que las ligeras (arenosas) pueden resultar interesantes siempre que no lo sean en exceso.

Profundidad

Se refiere al espesor del suelo que puede ser explorado por las raíces de la planta. Adquiere gran importancia en zonas donde coinciden temperaturas elevadas, con la consiguiente evaporación, y escasas precipitaciones en los momentos de intensa actividad biológica de la vid (final de la primavera y verano), tal como ocurre en gran parte de las comarcas vitícolas de nuestro país. En estas condiciones, la planta debe buscar en profundidad la humedad imprescindible para su supervivencia y la formación de los frutos.

Temperatura del terreno

Es otro factor importante que incide en el desarrollo de los procesos biológicos que se producen en el suelo (actividad microbiana, desarrollo de la planta, descomposición de la materia orgánica, nitrificación, etc.).

Color del suelo

Depende de la composición mineralógica del mismo. Su acción influye sobre la temperatura del suelo y de la atmósfera más próxima a él, incidiendo sobre la maduración de los frutos.

Pedregosidad

La presencia de piedras o guijarros menudos, al margen de su composición y procedencia, afecta positivamente a la aptitud del suelo para la viña, pues el cascajo menudo mejora sus condiciones de aireación y sanidad.

COMPOSICIÓN DEL SUELO

La viña ha de extraer del suelo las sustancias minerales que son necesarias para su existencia. Sin embargo, la cantidad de algunos de los nutrientes disponibles, no siempre deriva en un incremento proporcional de la calidad.
Así ocurre con el nitrógeno y la materia orgánica, cuyo nivel elevado proporciona cosechas abundantes pero de baja calidad. El fósforo y el potasio, por el contrario, son elementos que afectan positivamente a la calidad, proporcionalmente a su presencia.
El calcio en su forma de caliza activa ejerce una influencia notoria y compleja sobre la calidad. La mayor parte de los grandes vinos de crianza proceden de viñedos situados sobre suelos bien dotados de este elemento.
Otro factor de clara incidencia en el desarrollo de la vid es el contenido en hierro de los suelos donde esté plantada. Un exceso de hierro puede originar vinos con tendencia a la oxidación, al actuar como catalizador y la escasa presencia de este mineral, o su eventual bloqueo en terrenos muy calizos, origina el problema de la "clorosis férrica", con pérdida de la función sintetizadora clorofílica de las hojas.