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En esta sección le ofrecemos respuesta a las preguntas más habituales que se hacen en relación al vino.

Las menciones de crianza sirven para indicar cuánto tiempo ha estado un vino en barrica. Pero no hay que abusar como único criterio diferenciador de los vinos.

No hay que olvidar que para conseguir mayores tiempos de crianza las bodegas antiguas utilizaban barricas viejas que no aportan cualidades especiales a los vinos. Eso se hacía en una época de grandes producciones, en que muchas bodegas no tenían ni siquiera viñedos y se limitaban a comprar sus vinos ya elaborados en las grandes cooperativas.

En la actualidad el consumidor busca una identidad mayor en los vinos: variedad de uva, pago, características del roble, etc.

A diferencia de los licores, a los vinos no se les añaden hierbas ni frutas ni sustancias aromatizantes.

Precisamente su seducción se debe a que recogen por un proceso natural, los perfumes de la uva (aromas primarios), enriquecidos por los aromas que se forman en la fermentación del mosto (alcoholes y otros compuestos que huelen a flores y frutas) y los aromas de la crianza (roble que huele también a especias, barricas tostadas que huelen a humo).

Muchos vinos blancos jóvenes se fermentan en depósitos de acero inoxidable a temperatura fresca para conservar los aromas más delicados de la fruta.

Cuando se trata de elaborar vinos blancos con más cuerpo y más grado, pueden utilizarse barricas de costosas maderas nuevas que se utilizan una vez.

Los mostos que fermentan en las barricas se benefician del contacto con el roble, recibiendo delicados aromas ahumados, especialmente tostados y de madera. Además permanecen durante varios meses en contacto con sus levaduras y lías -vulgarmente llamadas "madres del vino"- enriqueciéndose en cuerpo, riqueza y aromas.

Un vino debe su personalidad a varios factores básicos: la variedad de uva, la tierra y el clima donde nace, y las artes del elaborador.

Los vinos más sencillos son más genéricos, lo que permite una mayor presencia en el mercado y una mayor producción, aunque se reduzca la imagen de identidad. Por el contrario, los vinos más célebres del mundo, como todo lo excepcional, nacen en enclaves concretos, en condiciones especiales que les brinda la naturaleza y que los distingue del común.

Así los vinos procedentes de pagos famosos tienen una producción limitada que se debe a las dimensiones de la propiedad.

Un vino es bueno cuando nos satisface y nos da placer, exactamente igual que la buena cocina.

Hay que dejarse conducir por los sentimientos y apreciaciones sensoriales al paladear el vino, y con los años se llegará a conocer y a disfrutar más los placeres vinícolas.

El frigorífico es un gran medio para mantenerlo si no se dispone de un armario-cava, ya que el frío limita las oxidaciones. No hay que olvidar tapar bien la botella.

Se puede disfrutar de este modo de un vino durante dos o tres días.

En general los pescados pueden acompañarse con vinos tintos jóvenes que no hayan recibido crianza en roble o tengan muy poca madera.

Cuando se preparan pescados para acompañarlos con vino tinto pueden utilizarse salsas más fuertes.

No es fácil disponer en una vivienda urbana del lugar apropiado para los vinos.

Lo más adecuado es tener un armario-cava donde puedan guardarse a temperatura y humedad adecuadas. El precio de coste de un armario cava para 120 botellas de capacidad es de unos 2200 Euros.

Hay que tener siempre en cuenta que los vinos aman el reposo y la oscuridad. Se conservan mejor con temperaturas que no sufran grandes oscilaciones, en torno a los 10-12º C. En una cava no deben entrar olores fuertes (barnices, pinturas, quesos).

El peor lugar para la cava es la cocina, con sus olores y sus calores. Si uno no dispone de condiciones apropiadas para guardar los vinos, es mejor ir reponiéndolos a medida que se consumen, acudiendo a un buen proveedor.

El vino, durante el tiempo que permanece en la botella, está en contacto directo con el corcho. Pero el olor del corcho no debe nunca sobreponerse al del vino.

Cuando se sirve una pequeña porción de vino en la copa y se prueba no debe presentar sabor de corcho (una mezcla de humedad, tierra mojada y serrín). Este defecto se debe a que el corcho, y probablemente ya el árbol del que se extrajo, estaba afectado por determinados hongos.

Cuando un vino produce esta impresión desagradable debe rechazarse la botella. Pero tampoco hay que obsesionarse con estas sospechas que a veces son mínimas y no siempre son objetivamente apreciables.

Muchos estudios científicos concluyen que el vino es un alimento saludable, cuando se administra con medida y con conocimiento.

Algunos efectos beneficiosos del vino tinto fueron ya expuestos a fines del siglo pasado, cuando los médicos comenzaron a hablar de la llamada "paradoja francesa". Ciertos datos estadísticos demostraban que la incidencia de enfermedades circulatorias y accidentes coronarios era menor en pueblos que bebían vino en su dieta habitual, a pesar de que algunos consumían abundantes grasas.

A partir de estas evidencias se fueron perfilando algunos efectos beneficiosos del consumo, moderado pero habitual, de vino blanco y tinto. Entre ellos podrían citarse efectos parecidos a los que tienen los pescados azules o el aceite de oliva para regular la cantidad de colesterol. También protegen a las arterias de la agregación plaquetaria y de los trombos.

Sin olvidar que algunos pigmentos (de los vinos tintos son poderosos antioxidantes y favorecen la lucha de nuestro organismo contra los radicales libres, que están en el origen de los procesos cancerígenos.

El consumidor actual prefiere los vinos elaborados con variedades de uvas nobles internacionales: chardonnay, riesling, sauvignon blanc, gewürztraminer, cabernet sauvignon, merlot, pinot noir o tradicionales: garnacha, tempranillo, moscatel.

Pero tan importante como la uva es el viñedo donde nacen los grandes vinos, con un suelo y un clima especial, que identifican lo que llamamos un "pago".

Algunos manuales antiguos recomendaban descorchar los vinos una o dos horas antes para dejarlos airear un poco.

En la práctica, un vino no se oxigena bastante, solo manteniéndolo dos horas destapado. Es mejor utilizar copas grandes, por ejemplo del tipo balón, para que el vino se vaya aireando a medida que se escancia. Así, removiendo ligeramente la copa con la mano mientras lo catamos, el vino se va oxigenando.

De esta forma, abre sus aromas frutales, revela sus secretos y airea los olores más pesados (cuero, caza) que ha adquirido durante años encerrado en la botella.

Este efecto también se consigue decantando el vino en una jarra. Pero hay que ser prudente en estas prácticas y lo mejor es aconsejarse en su proveedor habitual o con un sommelier.

Un vino blanco que no haya sido criado en madera debe consumirse en sus dos primeros años, contando desde la fecha de la cosecha que siempre debe aparecer en la etiqueta o el collarín.

Excepcionalmente la uva "riesling" da vinos blancos que mejoran en botella durante un mínimo de tres años. Cuando los blancos han fermentado en barrica o recibido crianza pueden madurar en la botella hasta cinco años, dependiendo de las cualidades de la añada.

Los vinos rosados, que en su mayoría no reciben crianza en madera, deben consumirse jóvenes cuando solo llevan uno o dos años en la botella. Así se disfrutan mejor sus cualidades frutales.

Los vinos tintos admiten todas las posibilidades; desde los tintos jóvenes, sin crianza en madera, que deben consumirse en uno o dos años hasta las mejores reservas que pueden evolucionar favorablemente en botella durante una década o más.

Las temperaturas de servicio del vino tienen una influencia decisiva sobre sus aromas, su sabor y el placer que nos ofrecen.

Recuerde como norma general que los blancos se enfrían a 9º - 10º C. Los tintos necesitan un ajuste de temperatura para servirlos correctamente de 17º a 18º C. Un vino tinto caliente (25º C) dará una impresión fogosa como si tuviese mucho grado alcohólico.

En el restaurante, si le parece que el vino tinto está caliente, hágase traer una cubitera con hielo para enfriarlo de 5 a 10 minutos.

La calidad no admite dogmas simplistas. Hay vinos magníficos en su juventud y vinos excepcionales en su vejez.

Es verdad que las grandes reservas alcanzan precios mas elevados, porque implican una guarda del vino en bodega durante años. Pero lo que importa no es la mención "gran reserva", sino que justifiquen su precio elaborándose con buenas variedades, en pagos de poca producción, envejecidas en barricas de roble nuevo, con exigentes criterios de calidad.

Si quiere un dato objetivo recuerde que algunos de los vinos excepcionales y más cotizados del mundo, como los grandes "crus" de Burdeos, no permanecen en barrica más de 18 meses.

La calidad de un vino tinto no se valora por el tiempo de permanencia en barrica, ya que hay excelentes vinos tintos jóvenes que no han pasado por madera y que son excelentes para acompañar ciertos platos.

Puede decirse que los vinos con menos madera son más flexibles para acompañar platos de la cocina tradicional donde hay especias e ingredientes más fuertes. Sin duda, los tintos más jóvenes son más baratos, puesto que no exigen tanta inversión de tiempo y crianza.

Hoy en día los vinos están lo suficientemente estabilizados como para soportar cualquier embate. Sólo se bloquean olfativa y gustativamente (aroma corto, sin expresión) durante los días siguientes al viaje. Quince días después se recuperan.

Si nos rigiéramos por un lema...

éste sería sin duda el siguiente: Una buena relación con el cliente se basa en la confianza y la fiabilidad.